El testamento y su facturación

La facturación de un testamento debe hacerse necesariamente al propio testador y no es posible facturarlo a una sociedad.

Un testador solicita del notario autorizante que el otorgamiento del mismo le sea facturado a una sociedad de la que es socio importante. Al no obtener dicha pretensión, recurre a la Dirección General de los Registros y del Notariado que resuelve que el otorgamiento de tal testamento tiene que ser facturado al propio testador y no es admisible la pretensión del mismo de que se facture a una sociedad de la que es socio mayoritario.

La Dirección General de los Registros y del Notariado, argumenta que siendo el testamento un acto personalísimo, que no tiene nada que ver con el carácter de socio o no de una sociedad por parte del testador, es a éste a quien hay que emitir la factura. A la única persona a quién puede facturarse es al propio otorgante. Cuestión distinta es quién haga realmente el pago de la factura.